Somos primates, y yo diría aún más: somos monos de repetición.
En mi casa, en una época en la que en la TV salían impresentables haciendo risa sin gracia sobre los «hombres blandengues», mi padre ya compartí buena parte de las tareas domésticas, que por supuesto muuuuchos años después, ya están totalmente igualdas en mi casa.
